Cuando los adultos no están alineados: qué sucede en la mente de los niños entre el campo y la familia

Entrenadores y padres como "bases seguras": el poder de la congruencia y los daños de los mensajes incoherentes.

1. Del campo de juego a la "base segura"

En los últimos años, numerosos estudios de psicología del deporte han demostrado que el entrenador no es solo un técnico, sino una verdadera figura de referencia emocional. En el contexto deportivo puede funcionar como una "base segura" en sentido Bowlbyano: un adulto que ofrece protección, aliento y posibilidades de explorar errores y desafíos sin humillación, sosteniendo la seguridad interna, la motivación autónoma y la resiliencia del joven atleta.

Cuando la relación entrenador–niño es estable, respetuosa y predecible, los pequeños viven el entrenamiento como un lugar donde es legítimo equivocarse, probar, aprender y crecer, no como un tribunal donde son continuamente juzgados. Los estilos de liderazgo más democráticos y transformacionales, centrados en procesos, aprendizaje y calidad de la relación, están asociados con mayor esfuerzo, bienestar y permanencia en el deporte juvenil, mientras que los enfoques autoritarios e hipercompetitivos aumentan la ansiedad, el estrés y el riesgo de abandono.

Todo esto, sin embargo, tiene un presupuesto frecuentemente olvidado: la congruencia. Los niños no solo escuchan las palabras de los adultos; observan si esas palabras corresponden a los comportamientos, y si los adultos a su alrededor (padres y entrenadores) se mueven en la misma dirección o en direcciones opuestas.

El Triángulo Deportivo: La arquitectura de la congruencia

Para comprender la importancia de la congruencia, debemos visualizar la experiencia del joven atleta dentro del Triángulo Deportivo (Smith, Smoll & Smith, 1989). En este modelo, el niño se sitúa en el vértice superior, sostenido por una base formada por los padres y el entrenador. Cuando estos dos pilares adultos no están alineados y los mensajes entre casa y campo entran en conflicto, la base se fractura, aumentando la ansiedad y el riesgo de abandono. El niño se ve obligado a una "triangulación" o conflicto de lealtad, donde gasta energía mental intentando complacer a ambas partes en lugar de enfocarse en su desarrollo. Una relación estable y predecible entre los adultos permite que la mente del niño se relaje y utilice el deporte como un verdadero laboratorio de vida.

 2. Qué es la congruencia educativa (y por qué los niños la "huelen" enseguida)

Por congruencia entiendo la alineación entre tres niveles: lo que el adulto dice, lo que hace y el clima emocional que crea. Un entrenador que afirma "aquí cuenta aprender, no solo ganar" y luego, después de una derrota, mantiene la calma, analiza el partido, valora el esfuerzo y propone correcciones específicas, envía un mensaje claro e integrado. Lo mismo ocurre con un padre que repite "lo importante es que te diviertas" y, al regresar a casa, no transforma el partido en un interrogatorio sobre el resultado o los minutos en el campo.

La investigación sobre desarrollo demuestra que la coherencia de los adultos construye previsibilidad: si las respuestas de padres y cuidadores son relativamente estables y comprensibles, el niño aprende a confiar, se siente seguro y puede dedicar sus energías a explorar, aprender y jugar. Cuando, por el contrario, las reglas cambian de manera impredecible, las reacciones emocionales son exageradas o contradictorias, o los mensajes entre casa y campo están en conflicto, aumentan la confusión, la ansiedad y la desconfianza.

En otras palabras: la congruencia es la condición base para que el entrenador pueda ser realmente una base segura, y para que la familia sea un puerto estable y no una fuente adicional de tensión.

3. Qué sucede en la mente del niño cuando los adultos no son congruentes

3.1 Confusión, desorientación y pérdida de confianza

Imagina a un niño que oye repetir: "El error es parte del proceso, aquí aprendemos incluso cometiendo errores", pero que, al primer error visible, recibe gritos, miradas de desprecio o es sacado de la cancha sin explicaciones. O un niño al que el padre le dice "lo importante es que te diviertas", pero que luego en el coche escucha críticas duras al entrenador, a los compañeros o a sí mismo.

La investigación sobre prácticas parentales incoherentes muestra que, cuando los niños no saben qué esperar de los adultos, aumenta su ansiedad, porque la relación deja de ser un punto fijo y se vuelve impredecible. En el plano interno, esto se traduce en pensamientos como:

·        "No entiendo qué quieren realmente de mí."

·        "Quizás lo que dicen no es cierto."

·        "Sin importar lo que haga, alguien se enoja."

Con el tiempo, esta confusión puede erosionar la confianza: confianza en las figuras adultas ("no son confiables"), pero también confianza en uno mismo ("si continúo cometiendo errores ante los ojos de otros, quizás valgo poco").

3.2 Disonancia cognitiva: dos mensajes, un solo cerebro

En el plano psicológico, los mensajes incongruentes crean disonancia cognitiva: dos "verdades" que coexisten y no se dejan integrar fácilmente.

Por ejemplo:

·        Verdad 1: "Lo importante es esforzarse."

·        Verdad 2: "Si pierdo, mamá y papá estarán decepcionados y enojados."

El cerebro del niño no permanece neutral ante esta tensión. Para reducirla, puede:

·        menospreciar una de las dos fuentes ("el entrenador dice eso pero no importa"),

·        cambiar convicciones ("en realidad lo que cuenta es ganar, los adultos pretenden decir otra cosa"),

·        o interiorizar la culpa ("si no estoy sereno es porque no soy suficientemente bueno, ni en el campo ni con ellos").

Esta dificultad para integrar mensajes discordantes drena energía mental, quita espacio al placer de jugar y convierte cada partido en un potencial terreno de conflicto interno, más que en un contexto de aprendizaje.

La Teoría de la Autodeterminación (SDT): Por qué la coherencia motiva

La congruencia no es solo un valor ético, sino el mecanismo que nutre las tres necesidades psicológicas básicas según la Teoría de la Autodeterminación (Deci & Ryan, 2000):

  • Autonomía: La alineación entre lo que el adulto dice y hace permite que el niño internalice valores por convicción propia y no por presión externa o confusión ante mensajes dobles.
  • Competencia: Un clima de "base segura" donde el error se trata con calma y coherencia técnica permite que el joven se sienta eficaz y capaz de aprender de sus fallos sin miedo a la humillación.
  • Relación (Pertenencia): La estabilidad emocional y la transparencia de padres y entrenadores fortalecen el vínculo afectivo, asegurando que el niño se sienta valorado por quién es y no solo por su rendimiento.

Cuando estos "nutrientes" psicológicos están presentes gracias a la coherencia de los adultos, se fomenta una motivación intrínseca que predice una mayor permanencia y bienestar en el deporte juvenil.

 3.3 Efectos en la motivación, la ansiedad y la permanencia en el deporte

Cuando el entrenador y los padres envían señales divergentes, el niño se encuentra atrapado en una lealtad doble: por un lado quiere complacer a los padres, por otro quiere confiar en el entrenador y en el grupo. Esto puede generar:

·        hipervigilancia ("nunca sé a quién estoy decepcionando"),

·        aumento de ansiedad previa al partido,

·        reducción de la atención en el juego (la mente está ocupada por el "teatro de los adultos").

Estudios sobre padres incoherentes muestran asociaciones con más síntomas de ansiedad, menor sentido de control y comportamientos más desorganizados en los hijos. En el ámbito deportivo, cuando el clima se convierte en fuente de estrés y conflicto, no es raro que los jóvenes simplemente decidan dejar de practicar: no abandonan solo un deporte, abandonan un contexto donde se sienten continuamente jalados en direcciones opuestas.

4. Trayectoria de desarrollo 1: entrenadores congruentes como guías autoridades

La primera trayectoria de desarrollo se refiere al crecimiento del entrenador como figura congruente: un adulto capaz de unir competencia técnica, estabilidad emocional y coherencia entre lo que declara y lo que hace.

4.1 Qué puede hacer un entrenador

·        Aclarar sus propios valores educativos y hacerlos explícitos al equipo y a las familias: ¿qué cuenta realmente en este grupo? ¿Esfuerzo? ¿Respeto? ¿Colaboración? ¿Cómo se traduce esto en las opciones diarias (minutos de juego, reacciones ante el error, gestión de roles)?

·        Mantener coherencia entre discurso y comportamiento: si digo "el error es información", después del partido analizo los errores con calma, los vinculo a estrategias concretas de mejora y no transformo al niño en el error que cometió.

·        Gestionar su propio mundo emocional: los niños aprenden más de cómo el entrenador gestiona la frustración, las decisiones arbitrales y las derrotas que de muchas palabras motivacionales. La regulación emocional del entrenador es parte esencial de su congruencia.

·        Comunicar de manera predecible y transparente: actualizaciones regulares, explicaciones sobre las opciones (sin justificarse de manera defensiva), escucha de las preguntas de los padres reducen espacio para interpretaciones distorsionadas y conflictos innecesarios.

4.2 El efecto en la mente del niño

Cuando el entrenador es percibido como figura coherente:

·        el niño sabe qué esperar,

·        la relación se convierte en una base segura para arriesgarse, probar nuevos roles, tolerar los bancos y las derrotas sin vivirlas como catástrofes identitarias,

·        aumenta la motivación intrínseca ("me esfuerzo porque siento que estoy creciendo y siendo visto"), no solo la extrínseca ligada al resultado o al miedo a la crítica.

En este escenario, incluso los momentos de inevitable incongruencia (los adultos se equivocan, también los entrenadores) pueden ser reparados si el entrenador tiene el coraje de nombrarlos: "Ayer les dije que aquí nadie es humillado por cometer un error, pero me enojé más de lo debido contigo. No es lo que quiero. Yo también trabajo para ser más coherente con lo que digo." Este tipo de meta-mensaje es poderoso para los jóvenes, porque muestra que la congruencia no es perfección, sino responsabilidad y capacidad de reparación.

5. Trayectoria de desarrollo 2: padres congruentes como puerto seguro

La segunda trayectoria se refiere a los padres: su capacidad de ofrecer mensajes claros, estables y alineados con el rol del entrenador, evitando transformar el deporte de su hijo en un terreno de proyecciones, conflictos e incoherencias.

5.1 Qué puede hacer un padre

·        Aclarar su propio rol: no es el "segundo entrenador", ni el selector, ni el representante. Es el puerto emocional del niño: quien lo acompaña, lo sostiene y le ofrece una visión más amplia del sentido de la experiencia deportiva.

·        Alinearse con el entrenador en los objetivos: conversar a principios de año sobre qué se pretende privilegiar (desarrollo, diversión, competencia, camino a largo plazo) ayuda a reducir mensajes dobles y tensiones.

·        Coherencia entre lo que se dice y cómo se reacciona: si digo "para mí cuenta que hagas tu mejor esfuerzo", pero luego cada viaje en el coche es un interrogatorio sobre las opciones del entrenador o una crítica sobre el tiempo de juego, el mensaje real será otro.

·        Proteger al hijo del "conflicto de lealtad": criticar sistemáticamente al entrenador o al equipo pone al niño en la posición de tener que elegir de qué lado estar, aumentando el estrés y el aislamiento. Es muy diferente decir "no estoy de acuerdo con esa decisión, pero lo hablaré yo con el entrenador" que "tu entrenador es incapaz".

5.2 El efecto en la mente del niño

Cuando los padres son congruentes:

·        el niño siente que el amor y el valor personal no dependen del resultado, sino de la persona que es y del esfuerzo que pone;

·        la casa se convierte en un lugar de descompresión emocional y reelaboración de experiencias deportivas, no en un "segundo banco" donde es juzgado nuevamente;

·        los mensajes entre casa y campo están suficientemente alineados para permitirle construir un modelo interno simple: en el deporte se aprende, nos esforzamos, nos equivocamos, crecemos, y los adultos a mi alrededor reman en la misma dirección.

Aquí también, la incongruencia es inevitable. Habrá partidos en los que el padre, cansado o frustrado, dirá palabras que no reflejan sus valores. La diferencia la marca la capacidad de volver después y decir: "Ayer te puse demasiada presión, no era lo que deseo para ti. Quiero que el deporte siga siendo un lugar donde aprendas y te diviertas, incluso cuando las cosas no salen como quieres." Este tipo de reparación, repetida en el tiempo, ayuda al niño a interiorizar un modelo adulto en el que se puede cometer errores, reconocerlos y realinearse.

6. Conclusión abierta: un solo equipo, adultos diversos

Al final, la pregunta central no es si los entrenadores y padres son perfectos, sino si están dispuestos a trabajar en su propia congruencia. Los niños no necesitan adultos sin contradicciones; necesitan adultos que reconozcan sus propias incoherencias, que intenten reducirlas y que sepan reparar cuando se dan cuenta.

Cuando el entrenador y la familia dejan de ser dos polos en competencia y se convierten en partes del mismo equipo educativo, la mente del niño finalmente puede relajarse: no tiene que elegir de qué lado estar, puede estar del lado de su propio crecimiento. En ese momento, el campo de juego se convierte realmente en un laboratorio de vida, y no solo en un lugar donde se gana o se pierde.

Más allá de las tácticas y los resultados, la congruencia de los adultos actúa como el tejido conectivo que sostiene el desarrollo del carácter en el niño. Como hemos analizado, cuando los padres y entrenadores logran alinearse bajo un mismo propósito educativo, satisfacen las necesidades básicas de autonomía, competencia y relación que todo joven atleta requiere para florecer. El campo de juego se convierte así en un espacio donde el éxito no se mide en el marcador, sino en la seguridad interna que el niño se lleva a casa, sabiendo que los adultos a su alrededor reman en la misma dirección hacia su bienestar integral.

 

Referencias

[1] Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.

[2] Deci, E. L., & Ryan, R. M. (2000). The "what" and "why" of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227–268.

[3] Foresto, W. M. (2022). El papel del entrenador en el desarrollo del deportista a largo plazo: Revisión bibliográfica. EmásF, Revista Digital de Educación Física, 13(77), 42–51.

[4] Jowett, S. (2017). Coaching effectiveness: The coach–athlete relationship at its heart. Current Opinion in Psychology, 16, 154–158.

[5] Mageau, G. A., & Vallerand, R. J. (2003). The coach–athlete relationship: A motivational model. Journal of Sports Sciences, 21(11), 883–904.

Nicholls, J. G. (1989). The competitive ethos and democratic education. Harvard University Press.

[6] Rocchi, M. A., & Pelletier, L. G. (2018). How coach behaviours are related to athletes' motivation and well-being: A self-determination theory perspective. In C. Knight, C. Harwood, & D. Gould (Eds.), Sport psychology for young athletes (pp. 50–61). Routledge.

Smith, R. E., Smoll, F. L., & Smith, N. J. (1989). Parents' complete guide to youth sports.

[7] Vella, S. A., Oades, L. G., & Crowe, T. P. (2013). The role of the coach in facilitating positive youth development: Moving from theory to practice. Journal of Applied Sport Psychology, 25(1), 77–95.

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